Calabazas

En tiempos antiguos, los obispos obsequiaban a los clérigos con calabazas cuando no podían concederles lo que estos solicitaban, una parroquia u otros beneficios, ellos como clérigos que eran se harían una crema que les reconfortaría y a seguir la vida; de esta costumbre nos viene lo de recibir calabazas cuando hay fracasos de estudios, trabajos y amores.

Las calabazas (Cucúrbita pepo) son verduras fruto,  hay muchas variedades y no todas son comestibles, algunas con bonitas formas y colores se utilizan para decoración. De la variedad cidra, su interior se confita y se obtiene el cabello de ángel. Las calabazas son un  fruto conocido desde la antigüedad, antes de la era cristiana la cultivaban los hebreos y también era conocida por los chinos, los egipcios y en América Central.

Es una verdura asociada al otoño y en cremas y sopas proporciona al cuerpo bienestar calórico, como cualidad, no en calorías, pues solo tiene 12 calorías por 100 gramos en crudo. Es rica en minerales especialmente potasio y en vitaminas.

Para cocinarlas se le quita la piel que en la mayoría de las calabazas es dura, se retiran los filamentos del interior donde se albergan las semillas o pipas, se trocea al tamaño deseado y se cocina en salteados, cremas, tartas, etc. Cuando se asan se abren a la mitad o en cuartos y se mantiene su piel. El tiempo de cocción varía de unas a otras pero en general es una verdura blanda que se cocina con rapidez.

Las calabazas enteras duran en buen estado varios meses, sin embargo partidas se conservan bien unos dos días.

En la cocina española tradicional encontramos calabazas en platos clásicos como el zarangollo murciano, la olla gitana, el potaje canario, el arroz con calabaza de Castellón o el farinato de Salamanca, un preparado de calabaza, cebolla pan y chicharros que se embute en tripa y está exquisito tomado con huevo frito en los fríos inviernos.